Pregunta directamente si quiere ser ayudado.
Soy discapacitado, no inútil, y me sienta mal que traten de minusválido menos válido.
Vete a su lado y a su ritmo, no tengas prisa.
Necesito más tiempo que otros.
Atiende a su forma de comunicarse.
El habla no es la única.
Habla de frente. Escucha y si no entiendes pregunta.
O pensaré que no te importo si percibo que no quedó claro.
Dirígete a él, no a su acompañante.
No me hagas de menos.
Déjale tomar sus decisiones.
Todos nos equivocamos y lo mismo el que está en un error eres tú.
No te sientas mal si rechaza tu ayuda y permite que haga.
No pretendo ser descortés.
Pregúntate qué puede hacer por mí.
Igual puedo dar más que recibir.
No crees falsas esperanzas.
Sé que tengo limitaciones, no quieras convencer de lo contrario.
Olvídate de las “etiquetas”.
¡Las odio! Por desgracia hay mucha gente que las ve lo primero,
y algunos nunca a la persona.












Gracias por ayudarnos. Muchas veces no es cuestión de mala fe, es sólo ignorancia
ResponderSuprimirSaludos
Como Carmen te doy las gracias. A veces en nuestro afán por ayudar conseguimos el efecto contrario.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Es bastante difícil el trato con personas con necesidades específicas ya sean discapacitadas, con limitaciones o enfermas. He tenido el privilegio de vivir diversas experiencias y desde hace unos años como discapacitada. Tanto a unos como a otros nos hace falta algo más de empatía, paciencia y conocimiento del mundo del otro.
ResponderSuprimir