Cuando nos visitaron los tripulantes del Apolo 11, se les regalo un traje de luces a cada uno. Y aún hoy el “souvenir” que más nos representa es el muñeco de un toro de lidia. Que antaño mal, pero me avergüenza que todavía a mi país, al que me siento orgulloso de pertenecer, se le asocie con una barbaridad.
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El torear es la más tópica y repugnante de nuestras costumbres.
Txetxu











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